
Nueva Carteya se sitúa en una extensa zona en la que los restos arqueológicos encontrados testimonian un asentamiento que podría remontarse a tiempos prehistóricos, pero sería durante la Edad Antigua cuando estas tierras alcancen su mayor importancia.
Su lugar estratégico, rodeado por altos cerros, permitió que culturas como la Ibérica, la Romana o la Visigoda tomaran esta zona como lugar ideal para la defensa y control del resto de sus territorios. Testimonio de ello son los numerosos restos arqueológicos hallados en los puntos más altos de la villa, la Plaza de Armas y El Higuerón, y que actualmente se conservan en el Museo Arqueológico Provincial de Córdoba.

Así pues, esculturas ibéricas entre las que destacan tres leones realizados en piedra caliza, junto con monedas y cerámicas romanas, dan fe de la intensa actividad que existió en este lugar. Otro de los hallazgos más importantes de esta etapa es el acueducto que conectaba la Plaza de Armas con Ucubi (Espejo).
De la Edad Media se conservan una estela sepulcral visigoda en caliza blanca, procedente de la necrópolis de las canteras del siglo VI. La Torre del Puerto, así como varias espadas encontradas, reflejan también las luchas que enfrentaron a los bandos árabe y cristiano durante los siglos XIII y XIV.
En la Edad Moderna, el Monte Horquera constituía una extensa zona de pastos y dehesas de encinas, en los que la clase aristócrata disfrutaba de sus múltiples cacerías.
Finalmente, el pueblo de Nueva Carteya se funda en 1.822 por el clérigo baenense D. Diego Carro, bajo el nombre de Aldea de San Juan, y sería más tarde cuando tomaría su actual nombre.
Hasta el momento presente la información que tenemos sobre la Prehistoria de nuestra localidad es bastante escasa, debido, fundamentalmente, a que la investigación se ha centrado en otras etapas posteriores. En el Museo de Doña Mencía, y procedentes del recinto fortificado del Higuerón, se guardan algunas piezas de sílex, fragmentos cerámicos y una mano de mortero de piedra, así como una placa rectangular de bronce (¿puñal? ¿diadema?), que nos están hablando de la presencia de comunidades calcolíticas asentadas en el lugar que, posteriormente, sería ocupado por gentes de la cultura ibérica.
Del término de Nueva Carteya, aunque sin localización segura, proceden varias puntas de flechas de cobre, algunas de ellas de tipo palmeta, y varias hachas de piedra pulida, materiales todos ellos que corroboraron lo antes dicho sobre el Higuerón, aunque no sepamos dónde fueron halladas.
Nueva Carteya se integra en una extensa zona donde los vestigios, sobre todo de época ibérica, son frecuentes. Recintos fortificados de gran interés han aparecido en zonas igualmente fértiles, como Baena, Castro del Río, Santaella y Doña Mencía; estos recintos, en general, son muy comunes en la provincia de Córdoba, pero los de Nueva Carteya presentan la peculiaridad de corresponder a un plan preconcebido y a una técnica similar, que denotan un intento de organización del territorio con fines defensivos. Tal vez el más destacado sea el de Plaza de Armas, a gran altura, invulnerable, dominando el Monte Horquera y en una situación estratégica para controlar un amplio territorio. Muy próximos a él, los recintos de Charconero, Neverías, Caserón del Portillo, Sastre y San Nicolás, jalonan la penetración, sirviendo de bastiones defensivos. Tanto en estos recintos como en los de Sequeira, Cornicabra, Castillejo, Tejuela, Vistillas, El Higuerón,… han aparecido cerámicas ibéricas grises y pintadas con decoración geométrica, y en la mayoría los hallazgos continúan para la época romana; cerámicas greco-púnicas y áticas se han encontrado en Sequeira, Plaza de Armas y en el impresionante recinto de El Higuerón, lo que muestra un amplio periodo cronológico de habitación en la zona.

Igualmente, han aparecido algunas esculturas ibéricas en piedra, aunque en la mayoría de los casos no se conoce bien el lugar del hallazgo ni el contexto arqueológico. Estas esculturas, leones principalmente, muestran una homogeneidad que ha hecho pensar a algunos autores que en las cercanías de Nueva Carteya hubo un taller escultórico que atendería las necesidades de una amplia zona; hallazgos de este tipo tenemos en zonas próximas como, Espejo, Baena, La Rambla, Montemayor…
EL LEÓN IBÉRICO DE NUEVA CARTEYA

Se trata de una pieza, perteneciente a la cultura ibérica, que fue encontrada por un grupo de obreros que trabajaban en las obras de la carretera a dirección Montilla, en el año 1921. Es una escultura zoomorfa que parece ser que data del año 500 a.c., aunque últimamente se tiende incluso a bajar aún más la cronología, situándola entre los siglos V-IV a.c.. Con este hallazgo podemos formular la tesis de que pudo haber cerca de nuestro pueblo un importante taller con carácter indígena, que se definiría especialmente por su tendencia a la esquematización y geometrización de las formas. El León se conserva en el Museo A rqueológico Municipal de Córdoba, con otras piezas del mismo tipo, siendo la nuestra la más importante encontrada en la campiña. Además de ésta, podemos ver dos ejemplares más de nuestra localidad, aunque en peor estado. La pieza principal está realizada en piedra caliza y apareció sin mandíbula ni patas delanteras, habiéndose restaurado ambas. Por lo demás, su estado es bastante bueno. Su posición es agazapada, destacando de todo el conjunto la cabeza, con un pelaje muy esquemático, fauces abiertas y lengua colgante. Los ojos tienen un tratamiento minucioso, con la representación detallista de los lacrimales, que nos señalan más bien la técnica de un grabador de marfil o de un orfebre que la de un escultor. En cuanto a su función no se sabe con seguridad por que se hacían este tipo de esculturas. Lo más difundido es su relación con el mundo funerario, serían algo parecido a los "guardianes de las tumbas". También pueden ser símbolo de fuerza, potencia prestigio y poder personal.

La mayoría de los recintos presenta continuidad en época romana, con cerámica común, sigillata y restos de construcción; más amplia es la necrópolis visigoda de La Tejuela y los silos medievales de Sequeira. Los recintos que han presentado mayor cantidad de hallazgos romanos - fueron, posiblemente, asiento de villas Tejuela, Vistillas, Charconero y Neverías -, se encuentran en lugares que dominan el Monte Horquera y los caminos que comunican la región con otras ciudades ibero - romanas. Así las principales vías de que tenemos noticia en las proximidades son las de Obulco a Ulia por Torreparedones, Castro del Río y Espejo, y el camino de Metedores, a través de Baena, Casas de Marbella, estación de Doña Mencía y Monturque, desde donde se alcanza la vía Corduba - Malaca. Charconero enlazaría el camino de Metedores con Plaza de Armas, el principal recinto de la zona, con doble y triple muralla, taludes artificiales, cerámicas de todo tipo (desde áticas a imperiales), monedas de Ulia, Obulco, Carteia, y romanas republicanas e imperiales; también se han encontrado restos de fundición de plomo. Ferreiro ha establecido una asimilación lingüística entre las voces Horquera = Soricaria, planteando la posibilidad de que la antigua ciudad ibero - romana se asentara en el recinto de Plaza de Armas. Esta teoría no se ha visto confirmada por la epigrafía, muy escasa en la zona, y en la que destaca la inscripción funeraria Q. Iulius Rufus, agrimensor a cuyo nombre se añade el calificativo de Siccaenas, en el que algunos han creído ver el nombre de una ciudad.
Destacan otra serie de yacimientos en los que se han conservado restos de construcciones en opus caementicium con revestimiento de opus signinum, como Los Molinillos o el Villar, destinados a riego. Depósitos y conducciones de aguas parecen concebidos para atender las necesidades de las villas agrícolas en una zona donde las fuentes escritas constatan la escasez de agua. El hallazgo más importante es el acueducto que conectaba la Plaza de Armas con Ucubi. El caput aquae se encontraba en las proximidades del recinto, en una mina subterránea con bóveda y una altura de unos dos metros, que marchaba bajo tierra hasta la fuente de la Mora, saliendo al exterior y atravesando la zona de Neverías, para volver a ocultarse en las cercanías del arroyo Carchena y aflorar de nuevo en los cortijos de Juan de Frías, Piloncillo, Calderón, Tomillar y Casablanca. En Espejo se ha encontrado un gran depósito circular que pudo ser el lacus o depósito terminal del acueducto.
EL HIGUERÓN

Quizá la mejor prueba de las oscilaciones que la investigación arqueológica viene experimentando en los últimos años la encontramos precisamente en uno de los yacimientos de Nueva Carteya: el Higuerón. La excavación practicada a finales de los años 60 estableció su fundación en torno al año 400 a.C., manteniendo su ocupación hasta tiempos altoimperiales. Con posterioridad, la cronología propuesta inicalmente fue desmontada al comprobar que el material adscrito al siglo IV a.C., supuestamente cerámica griega de barniz negro, era en realidad campaniense, por lo que fue replanteada la interpretación del asentamiento: el recinto exterior, construido con grandes bloques y caracterizado por bastiones, se fechó en época pleno-ibérica, mientras que el interior, con aparejo de sillares almohadillados pertenecería a época imperial romana. Por tanto, en el Higuerón existen al menos dos momentos de ocupación, diferenciados tanto por la técnica constructiva como por el tipo de cerámica, aunque se mantiene la distribución de los recintos, quizá debido a la tardía romanización de esta zona.

Los primeros indicios de su ocupación en los siglos medievales nos son proporcionados por los hallazgos de época visigoda aparecidos en su término, entre los que destacan una estela sepulcral en caliza blanca procedente de la necrópolis de las Canteras, fechada a fines del siglo VI, un arco de piedra caliza que serviría como elemento arquitectónico de alguna construcción y un fragmento de ladrillo decorado. Todos estos materiales se encuentran depositados en el Museo Arqueológico de Córdoba, y testimonian la existencia de un hábitat visigodo próximo a la actual población durante los siglos VI y VII.
Tras la conquista musulmana, sus tierras se vincularon a la cora de Cabra, quedando sometidas a la jurisdicción de Baena y, dada la importancia de esta población entre los siglos IX y XII, podemos suponer que el término de Nueva Carteya estuvo densamente poblado de pequeñas aldeas y cortijos, como testimonian los materiales de época árabe aparecidos en él ( un par de candiles de barro se conservan en el Museo Arqueológico de Córdoba).
Otro vestigio importante de lo anteriormente expuesto es la Ermita de los Santos. Aunque constituye sin duda uno de los patrimonios más interesantes de la localidad, la ermita está completamente abandonada y en ruinas. Construida en una antigua torre medieval, levántada a su vez sobre vestigios arqueólogicos de época íbera y romana, data del siglo XIII. En este lugar, ubicado en el Monte Horquera entre el arroyo Carchena y el río Guadalmoral, existía una torre -a la que se conocía como torre de los Santos- que en 1245 fue atacada por fuerzas musulmanas. La guarición cristiana que la defendía pudo in extremis rechazar el ataque, tras lo cual, y considerando que la victoria cristiana había sido obra de un milagro, se decidió convertir la torre en santuario y se consagró éste a la Virgen de los Santos. Abierta al culto durante siglos, la ermita de los Santos se llegó a convertir en casa matriz de la cofradía de los Nazarenos de Baena.

Conquistadas por Fernando III en torno a 1241, sus tierras, como las de Luque, Baena o Zuheros, formaron parte de la zona fronteriza con el reino de Granada y registraron, durante los siglos XIII y XIV, una intensa actividad militar por parte de ambos bandos. Testimonio de esa época es la Torre del Puerto, enclavada en el límite suboccidental del término y construida, como tantas otras de la Subbética cordobesa, como punto de refugio y vigilancia contra los nazaríes.
A finales del siglo XIV (1394) el territorio de Nueva Carteya se encuadró junto a la villa de Baena, en el señorío de Diego Fernández de Córdoba, permaneciendo ligado al dominio de los condes de Cabra durante todo el siglo XV.

El patrimonio de la hacienda municipal de la villa de Baena se incrementa en los inicios de los años cuarenta de la centuria del Seiscientos con la adquisición del Monte Horquera, en cuyas tierras se levantará la población de Nueva Carteya dos siglos más tarde.
En efecto, el monarca Felipe IV vende al concejo de Baena en 1641 la citada posesión realenga. Las causas de esta enajenación se deben fundamentalmente a los agobios financieros que padece la corona como consecuencia de la costosa política exterior del conde - duque de Olivares.El Monte Horquera ocupa una extensa superficie que se aproxima a las 9.000 fanegas, dedicadas en su mayor parte a dehesas de encinas. El aprovechamiento de los pastos y de la bellota proporciona unos crecidos ingresos para las arcas municipales. También se obtienen recursos con el arrendamiento de los terrenos para ser cultivados por los vecinos, quienes pagan una pequeña renta por la explotación. Ello motiva el asentamiento humano y la necesidad de construir una ermita bajo la advocación de San Pedro, donde pudieran oír misa los labradores.
El encinar del Monte Horquera va a ser objeto de talas abusivas en el siglo XVIII, que serán denunciadas sin éxito, a pesar de que la real cédula sobre conservación de plantíos y montes, expedida en 1748, impone severas penas y sanciones. A mediados de la centuria, el titular de la villa, D. Ventura Osorio de Moscoso y Fernández de Córdoba, duque de Sesa y conde de Oñate, denuncia ante la Real Chancillería de Granada la grave situación provocada por leñadores de la vecina localidad de Castro del Río, quienes han " executado repetidas uezes, con estrépito y tumulto, muchas cortas y talas en el citado Monte, en grauísimo perjuicio y ruina de él". La magnitud de los daños se puede calibrar a través de la valoración de los mismos, en un total de 100.000 reales.
En Agosto de 1821 la superficie del Monte Horquera se reparte en pequeños lotes a vecinos, protestando los que venían cultivando estas tierras. Una de las propuestas para solucionar el conflicto será la creación en 1822 del poblado de Nueva Carteya, en el que interviene de manera activa el clérigo ilustrado D. Diego Carro y Díaz.

El fundador de Nueva Carteya nace en la villa de Baena el 23 de Enero de 1.751 y recibe las aguas bautismales en la Parroquia de San Bartolomé. Hombre inquieto por la cultura, sigue carrera eclesiástica, aunque sólo recibe las órdenes menores. Estuvo varios años como mayordomo del obispo Antonio Caballero y Góngora, y este contacto resulta decisivo en la vida del clérigo baenense. La influencia de dicho prelado, modelo de hombre ilustrado, marca la trayectoria de Diego Carro, quien muestra una viva preocupación por la cultura y el progreso. A imitación de Caballero y Góngora, patrocina una Academia de Bellas Artes y Agricultura en su villa natal y reune una rica colección de modelos y pinturas. También instala en su domicilio un gabinete de historia natural y tiene una gran pasión por la arqueología, realizando frecuentes excursiones a zonas del término en las que se localizan vestigios de la época romana. Interviene de manera activa en la fundación de Nueva Carteya y dirige las obras de la parroquia de San Pedro por encargo del obispo de la diócesis Pedro Antonio de Trevilla. Simultáneamente realiza varias excavaciones arqueológicas y descubre restos romanos en las tierras de la nueva población.

Pocos años después, el 24 de septiembre de 1.828, fallece Diego Carro y, cumpliendo su voluntad, recibe sepultura en la pequeña capilla de su finca nombrada Casa Corona, lugar donde solía retirarse a descansar. Sobre la tumba se coloca una lápida con una inscripción redactada por él mismo que la transcribe Valverde y Perales en su conocida Historia de la Villa de Baena: "AQUí YACE UNO DE LA ESPECIE HUMANA. POLVO, CENIZA Y NADA. 24 DE SEPTIEMBRE DE 1828. R.Y.P.". Diego Carro y Díaz es una de las figuras más interesantes de la Ilustración cordobesa, que merece un amplio estudio. Ligado a la fundación de Nueva Carteya, su memoria pervive en esta localidad con el monumento levantado hace unas décadas en el paseo que lleva su nombre.
Aunque la ermita de San Pedro carece de bienes, las obras de conservación se sufragan con los ingresos que proceden de la explotación del Monte Horquera. Los actos de culto están a cargo de un capellán que celebra misa todos los días de precepto. Un santero se encarga del cuidado de la pequeña iglesia, que se halla en mal estado cuando se levanta el poblado. Esta circunstancia y el que se encuentre alejada de la población motivan la construcción de una parroquia que mantiene la advocación de San Pedro.
Nueva Carteya empieza su historia como tal ya en el siglo XIX, pues se fundó, en el año 1822 en el Monte Horquera, con el nombre de aldea de San Juan, que cambió por el actual en 1829. Se convirtió en villa en 1832 y fue incluida en el partido judicial de Cabra. La Diputación Provincial delimitó en 1894 su término, pero un recurso interpuesto por Baena dio lugar a un largo pleito administrativo que no fue resuelto hasta 1953. En 1903 se constituyó una Sociedad de Obreros Agricultores, que llegó a contar con cuatrocientos socios. Dos años más tarde, el Centro Obrero organizó un motín popular contra el impuesto de consumos. Posteriormente, en 1918 resurgió la organización obrera, y al año siguiente adopta la denominación de El Disipar de las Tinieblas, Agricultores y Artesanos. En el mes de Noviembre de 1919 mantuvieron una dura huelga, en la que se produjo un herido por la guardia civil, que afirmó que se limitó a responder al fuego que se le hizo desde una taberna. Ese mismo año los patronos crearon el Círculo de Agricultores, y en 1921 se constituyó un sindicato católico. En 1931 se constituyó un ayuntamiento con once socialistas y dos republicanos. Las elecciones generales del periodo republicano produjeron resultados cambiantes: mayoría socialista en 1931, triunfo del Partido Radical en 1933, y finalmente, victoria del Frente Popular en 1936. LA GUERRA CIVIL EN NUEVA CARTEYA.
La situación política de Nueva Carteya fue curiosa, porque tres veces permaneció bajo control republicano y otras tres entraron en el pueblo los sublevados. El 18 de julio, el sargento comandante de puesto no secundó la sublevación y permaneció leal. No se tomaron más medidas que la detención de una treintena de derechistas, que fueron recluidos en la iglesia, continuando en sus funciones el alcalde socialista Juan Caballero. En el pueblo predominaban la adscripción socialista, por un lado, y por otro, la juventud se encuadraba en la CNT. En ningún momento se registró la menor violencia contra personas de derechas y la vida continuó normal hasta el 20 de julio, en que llegó a Nueva Carteya una pequeña expedición al atardecer al mando del teniente Machuca, de la Guardia de Asalto de Huelva, con alguna fuerza y falangistas de pueblos próximos. Realizaron disparos, causaron la primera víctima de izquierdas (el campesino Eusebio Tapia, de 26 años, por asomarse a la puerta de su casa, enfrente del cuartel) y, ya de madrugada del día siguiente, se llevaron para Córdoba a las personas de derechas liberadas de la iglesia, y también a la dotación de Guardia Civil. Al mismo tiempo, un vehículo partió hacia Baena con un cargamento de municiones para aquellos sublevados que pasaban momentos de apuro ante el acoso de los anarquistas.
El 21 de julio Nueva Carteya volvió al dominio de los de izquierdas, que declararon entonces el “comunismo libertario”, constituyéndose un comité presidido por Antonio Pavón, acompañado de otros dirigentes. El conocido anarquista Alfonso Nieves Núñez realizó frecuentes visitas al pueblo, a la vez que actuaba por Castro del Río y Bujalance.
Así llegamos a los trágicos sucesos del 28 de julio, cuando al mediodía se detuvo en el pueblo la columna de Sáenz de Buruaga, que ya había sembrado el terror en Montilla y se dirigía a Baena, donde cometería uno de los mayores genocidios de la guerra civil en Córdoba.
Al pasar Buruaga por Nueva Carteya, bien porque algún carteyano había tiroteado a la columna, bien porque convendría dar un escarmiento a este pueblo que se encontraba en el camino hacia Baena, ordenó realizar una rápida operación de “limpieza”, a pesar de que no se había cometido ninguna violencia contra personas de derechas. Las tropas facciosas desplegaron y penetraron en las calles del pueblo sin ninguna dificultad, mientras que el elemento obrero se escondía en sus casas o huía al campo. Como días antes en Villafranca, destacaron enseguida las arbitrariedades de los moros, de infeliz memoria para los carteyanos, que empezaron a matar por donde se les antojaba. Testimonios solventes recabados en Nueva Carteya coinciden en que aquel mediodía fueron asesinadas 10 ó 12 personas, aunque el Registro Civil sólo menciona 4.
Sáenz de Buruaga continuó enseguida su marcha hacia Baena, donde le esperaba ardua tarea y dejó una pequeña guarnición en Nueva Carteya, la cual, viéndose en inferioridad de condiciones, decidió retirarse a Córdoba al día siguiente, con lo que el pueblo quedó de nuevo en poder de sus pacíficos moradores.
Durante todo el mes de agosto (hasta el día 29, en que entraron fuerzas facciosas de Cabra), los carteyanos no fueron molestados, pero poco a poco se retiraron hacia lugares más seguros de la zona republicana. Por fin, el citado 29 de agosto tomaron el pueblo sin ninguna resistencia falangistas y Guardia Civil de Cabra, al mando de los capitanes Ramón Escofet Espinosa y Francisco López Pastor. A partir de entonces, otra vez la represión metódica y terrorífica entre los campesinos que no se habían ausentado.
Los testimonios recogidos señalan varias “sacas” y fusilamientos en la carretera de Montilla y otras de la zona, y que a otro grupo los mataron en Córdoba. Efectivamente, en este Registro consta la muerte de seis carteyanos el 10 de diciembre, y otros cuatro en otras fechas (entre éstos, los maestros de escuela José Pérez y José Gómez). En síntesis, los testimonios obtenidos en Nueva Carteya coinciden en que el número de víctimas de izquierdas en el pueblo ascendió a 70, incluido uno sólo que hubo en la posguerra.